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“Si hay alguien a quien tuviera que admirar, sería a mí mismo”

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David “Medallita” Jiménez: Boxeador Profesional

Pese a la posibilidad de estar en Tokio 2020, “Medallita” toma nuevo rumbo en el boxeo. Foto: Facebook del atleta

Hace 18 años soñaba con ser jugador de primera división. No tenía las condiciones, estuve en varios equipos pero no me ponían a jugar. Quería practicar algún deporte, algo que me apasionara, que me hiciera sentir bueno, que corriera por mis venas y mi corazón.

Me sentaba en la tarde a ver las peleas de Oscar de la Hoya con mi papá. Sentados los dos frente al tele comencé a sentir algunas cosas por el boxeo, esa adrenalina al subir a un cuadrilátero. Fui unos días después y busqué una oportunidad en el Comité Cantonal de Deportes y Recreación de Cartago, me la dieron y me empecé a enamorar del boxeo, a percibir que era el deporte indicado para mí y a sacarle el máximo provecho.

Unos meses después se me dio la oportunidad de practicar este deporte en el Polideportivo de Cartago, me empezó a gustar todavía más. Comencé a participar a nivel de Juegos Deportivos Nacionales, luego en Campeonatos Nacionales. A un corto tiempo se me empezaron a ver cualidades que tenía para el boxeo.

Empecé a ganar los campeonatos nacionales, luego terminé peleando internacionalmente, competí a nivel de Guatemala, Panamá y gané peleas a boxeadores importantes de esos países, los cuales, me dieron esa experiencia necesaria y también ese auge donde ya todo el mundo tenía en mí esa confianza a nivel de boxeo.

Me levanté el sábado 16 de febrero del 2019, el día de mi debut como boxeador profesional, desayuné muy bien, almorcé. Estuve acá en la casa compartiendo con mi hijo, con mi esposa. Era un sábado muy tranquilo, con mucho positivismo. En ningún momento nos estresamos ni sentí presión de nada. Disfrutamos al máximo.

Su éxito se lo debe a su familia y a la gente que lo ha apoyado, comentó Jiménez. Fotografía: Página de facebook del boxeador: David “Medallita” Jiménez

De acá salimos para la pelea. Siempre tuve esa sensación positiva y ganadora. Cuando llegué a las Ruinas de Cartago, todo el parque estaba abarrotado de gente. Desde que llegué el foco, el centro de atención era yo, como atleta. Veía como todos esperaban mi ansiado debut. Todo era inolvidable, todo era mágico en esta noche. Todos mis sueños y mis ilusiones estaban ahí en ese lugar.

Pensaba en que era mi oportunidad para darle a mi gente, a mi público un regalo. Era tiempo de poderle devolver algo bonito después de que hayan estado conmigo en las buenas y en las malas. Era mi debut soñado. Los minutos corrían y se acercaban las ocho de la noche.

Cuando ya sabía que era hora de meterme al cuadrilátero pensaba en mi familia, pensaba en que estaba ahí porque me lo merecía, por la preparación que había tenido. Sentí una tranquilidad y una calma. No dejé que nada me afectara, ni me desequilibrara. Hice a un lado las emociones y me concentré en lo que estaba pronto a iniciar. Tuve la mente en blanco por unos segundos y esperé a que sonara el campanazo inicial, justo ahí empecé a hacer todas las cosas bien.

Veía a mi hijo disfrutar al 100% de la pelea, no lloraba, guardaba la compostura. Él y mi esposa fueron mis pilares en esa pelea, esa confianza que tenía en esos instantes, venían exactamente de ellos. Esa ambición, esa idea de hacia dónde queremos ir era lo que retumbaba en mi mente cuando daba cada golpe o hacía cada movimiento. Esa motivación extra para lograr ese resultado, venía absolutamente de ellos y de mi hija que viene en camino. Esa niña por la que ahora debía dar no solamente mi 100% sino un 120%.

Terminó la pelea e inmediatamente vi al juez indicar que era el ganador. No lo sabía, no sabía que hacer o cómo reaccionar. Solamente empecé ahí mismo en un minuto a darle gracias a Dios, fue la comunicación más corta que he tenido con Él. En segundos le dije que con Él lo tenía todo, que Él era mi guía y mi luz.  

David será papá en unos meses, lo cual, hace que quiera ser mejor día a día por esa nueva vida que viene en camino. Fotografía: Paula Bogantes

Hace 14 años escuchaba a mis amigos llamarme “Medallita” en los entrenamientos en el Polideportivo de Cartago. Días antes mi entrenador me había regalado una medalla. Lloré tanto cuando me la dio, era mi alegría, anhelaba tanto ganar una, que esta la llevaba a todos lados donde fuera, la limpiaba con mi botellita de naiz.

Después no necesitaría que me regalaran una. Estaba en los Juegos Deportivos Nacionales en Heredia en el 2006 o 2007 y logré ganar mi primera medalla. No fue fácil pero tampoco difícil seguir ganándolas. Había algo que me respaldaba y me daba un punto a mi favor, era el constante esfuerzo y preparación para cada competencia. Ahí estaba en el pódium de cada competencia, con una medalla colgando de mi cuello, sin importar el color, era una medalla mía.

Estaba en los mejores años de mi juventud pero tuve que dejar un montón de amigos, un montón de fiesta, de convivencias a nivel de familia también. Peleaba un sábado o entrenaba toda la semana y no quedaba tiempo para esas cosas. Hacía las dietas estrictamente rigurosas entonces no aceptaba una comida en algún lugar por tener que guardar la dieta para pelear al otro día.

Me acostaba temprano todas las noches y me levantaba a correr también muy temprano. A veces quería quedarme en la cama cuando las mañanas estaban muy frías aquí en Cartago. En mi preparación me levantaba a las 4am, salía a correr de 4 a 5am.

Una semana antes de este debut como boxeador profesional entrenaba tanto para ese día. Me enfocaba en cada movimiento técnico-táctico. Sabía que cada desplazamiento, cada golpe tenía que ser perfecto. Ahí estaba yo frente al saco dando mi 100% por esta pelea. Mis piernas volaban en cada carrera. Todo de mí giraba en el entrenamiento en torno a hacer lo mejor posible en este debut.


“Medallita” debutó en el boxeo profesional, con una victoria que describe como su mejor pelea. Fotografía: Página de facebook del boxeador.

Semanas antes corría nueve o diez kilómetros diarios. Acumulé mucha carga y establecí la mejor base posible. Pero tanto pensamiento en mi cabeza sobre ese debut no daba para más, esperaba al domingo para descansar, relajarme y disfrutar de otras cosas. El domingo antes fue un día completamente para mi familia, nos levantamos tarde, salimos, asistimos a misa, fuimos a la Basílica de los Ángeles, estuve las 24 horas disponibles para mi familia.

Hace unos meses no me imaginaba como boxeador profesional. Me sentía a gusto siendo boxeador de estilo olímpico. Pero se me metió una vocecita en la cabeza. Sabía que el salto del olímpico al profesional, era un cambio radical. Pero quise arriesgarme, o mejor dicho, darme una oportunidad. Quería luchar por nuevos sueños.

Pasaron cosas a nivel personal y deportivo que me indicaron que debía buscar un nuevo reto. Cuando pensaba en si ser boxeador profesional o no, pensaba en los cambios que se venían. Cuanta diferencia habría de una a otra. Pero eso me gustaba, me gustaba el tener que entregarme más que el 100%.

Siete años atrás me veía compitiendo en los Juegos Olímpicos de Londres. Me encontraba en la última parte clasificatoria. Era mi última pelea y los sentimientos encontrados eran propios de estas justas olímpicas. Me enfrentaba a un boxeador de Trinidad y Tobago. Di todo de mí y la pelea quedó empate. Era el momento decisivo, los jueces decidirían al azar quien iría a los Olímpicos. Cuando no escuché mi nombre, sino otro, supe, que me perdía mis primeros posibles olímpicos. Pero sabía que podía tener una nueva oportunidad.

Cuatro años más tarde, podía estar un pie dentro de los Olímpicos de Rio de Janeiro, pero tampoco fue así. Perdí contra Leonel de los Santos, de Republica Dominicana. Hice una pelea bastante buena, el público me veía como ganador, pero la cultura del boxeo del país donde uno viene, influye mucho en este deporte, lamentablemente Costa Rica no la tiene y nos perjudicó; los jueces no me vieron ganador.  

David prepara su trayectoria profesional en busca de un campeonato mundial. Fotografía: Página de Facebook del boxeador.

Tiempo atrás estaba en los campamentos extranjeros, no recuerdo bien, entre varios que fui. Italia y España alguno de ellos. Es mucho el sacrifico por conseguir todo lo máximo posible en el boxeo. La distancia que tengo comúnmente con mi familia es uno de esos sacrificios difíciles. Pero el salir del país, el vivir todo esto, es parte del proceso para llegar a cada meta.

Mi infancia fue difícil pero también muy bonita. A pesar de esa situación ha sido un pilar para que hoy sea un hombre recto. Una situación difícil económicamente. Mi familia deseaba que yo saliera de la escuela para ponerme a trabajar.

Siempre tuve que trabajar en pulperías acomodando productos, recogiendo café, trabajé en el Mercado Central de Cartago, en lo que hubiera con tal de poder comprarme mis cosas. Necesitaba tenis para correr, guantes para el boxeo, vendas para protegerme las manos, caretas para los sparring, el boxeo es un deporte que requiere de muchos implementos y cada uno de mucho valor.

Su humildad, su esfuerzo y su responsabilidad viene en gran parte de su infancia. Fotografía: Página de facebook del boxeador

Es el medio día, termino de almorzar y salgo corriendo para mi entrenamiento en Escazú, vuelvo directo a otra práctica a las 3pm en Cartago. Son las 8pm y voy saliendo de otra sesión. Pienso en el sacrificio constante que hace mi familia. El no poder ver siempre a mi hijo y a mi esposa, y escucho la voz de mi esposa diciéndome que están anuentes a sacrificarse por ese sueño tanto mío como de ellos.

Ahorita conforme voy madurando, voy haciéndome una imagen, como que pierdo la admiración, pero ahorita, hoy, no siento admiración ni nada por alguno. Puesto que ahora yo me enfoco más que todo en mi carrera y si hay alguien que tuviera que admirar yo, ese sería yo, por todas las cosas que hago día a día.

No gasto energías pensando en qué pudo pasar si hubiera esperado la revancha de estas dos ocasiones y hubiera ido a Tokio 2020. Los hubiera no pasan por mi mente. No tengo ganas de desgastarme sino de seguir adelante por los nuevos proyectos que vienen, ocupo mi mente pensando en ese querido título mundial.

Me despierto meditando en los 10 ganes consecutivos que necesito para luchar por el mundial. Me enfoco en esas 5 o 6 peleas que quiero afrontar durante este año.  Me veo en esa disputa con el título de acreditación mundial lo más antes posible.

En el boxeo profesional, una pérdida puede ser el fin de la lucha por el mundial. expresó “Medallita”. Fotografía: Página de Facebook del boxeador.
Paula Bogantes Chaves Estudiante de periodismo y apasionada a la fotografía. Le gusta los deportes, lo cual buscará darle la información completa a sus lectores
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